PRESENTACIÓN (1925-2025):
Una historia de familia.
Es esta, tierra de Castilla de lomas suaves y riscos quebrados entre llanos que sobrepasan horizontes. Planicies altas donde brota el trigo o montes salpicados de encinas, olivos, nogales y almendros.
Es esta, tierra de Castilla que nos ha dado tanto. Tanta cosecha en rastrojo austero. Tanta belleza, solemne entre mesetas y valles. Tanta gloria, tanta visión (revelación divina). Tanta mesura. Tanta soberbia: mi pueblo, heredero del cáliz de sabiduría eterna.
Luis Mínguez Serrano que en el arte de la paternidad parece ser maestro, me ha engendrado a mí y a mis dos hermanas. Y a todos sus otros hijos: libros de diferentes matrimonios.
Mi abuelo, Arturo Mínguez Anchuelo que escribía poesía y rezaba con ojos vidriosos. La muerte lo hizo santo.
Y luego está todo lo que hacemos: libros, libros, libros. Encuadernaciones, artesanía, arte. Aquí toda consideración da igual porque se remonta a nosotros mismos, a realidades pasadas, a autoestimas desbordantes.
Mi abuelo nace en 1926. Aprende a encuadernar en el Archivo General de la Administración. Ya es mayor. Mi padre nace en 1967. Aprende a encuadernar siendo adolescente. Se le da bien. Releva a mi abuelo, al que le falla la vista. Se forma con los mejores encuadernadores del mundo. Colabora con grandes artistas. Se disputa entre algunos mecenas de casas reales. Y luego premios y reconocimientos: varios, bastantes. Premio Nacional de Encuadernación, primer premio en la Bienal Mundial, la cruz de oficial de la Real Orden de Isabel la Católica.
Y cualquier detalle de esta historia está sujeto a la interpretación. Grandilocuente, exagerada. Muy real, precisa.
Pero hay una constante: que heredamos el peso de las virtudes de la familia y sus estigmas. La sangre cada vez más densa se acumula con cada nueva generación. Y el conocimiento es un libro que no siempre se restaura, al que se le añaden hojas inciertas. Hojas de materiales revolucionarios.
Contempla lo humano, insignificante. Porque hay algo más grande que nuestra propia existencia. Porque el hombre es hijo de Saturno, del frío entrópico. Y aún así: la fragilidad lo convierte en bello; lo inexacto lo hace posible; lo efímero, importante; la insignificancia revela trascendencia. Lo perecedero es necesario. Como lo es la muerte, que con cada aliento exhalado abre paso a la vida.
Gonzalo Mínguez Mínguez.
Escenas de “La Granja”.
Taller de encuadernación primitivo donde se encuaderna el primer libro del taller.
A la izquierda Arturo Mínguez Anchuelo (abuelo). A la derecha Javier González de Vega (amigo).
©Mínguez
Luis en el Centro de Artesanía.
Segundo taller de encuadernación en Alcalá de Henares.
Luis Antonio Mínguez Serrano encuadernando con 25 años.
©Mínguez
Gonzalo y Luis en la guillotina.
Nuestro taller.
A la izquierda Gonzalo Mínguez Mínguez (hijo). A la derecha Luis Antonio Mínguez Serrano (padre).
©Mínguez
Gonzalo y Luis en el taller de dorado.
Nuestro taller.
A la izquierda Gonzalo Mínguez Mínguez (hijo). A la derecha Luis Antonio Mínguez Serrano (padre).
©Mínguez